Conoce a la artista

Siempre me he considerado una persona normal, sonriente y con muchas ganas de tirar hacia adelante en la vida pese a lo que sucediese en el plano externo.  Mi etapa escolar no fue la más agradable ni por asomo, ya que recibí bastante bullying y no tenía muchas amistades por ser diferente, pero pudo haber sido bastante peor, por lo que doy gracias de que se quedara allí como un recuerdo más y ya. Mi perro Harry fue un apoyo incondicional para mí durante 15 años.

A partir de los 20 años todo cambió para mí. La vida me forzó a que me independizara y...No sabía por dónde empezar. Lo máximo que pude conseguir fue el Bachillerato. No tenía nada de experiencia laboral. Estuve en Ingeniería Química y tuve que dejarlo, hice un superior de farmacia; al final no cuajó nada conmigo e intenté opositar como Auxiliar Judicial, pero también salió bastante mal el intento. No pude terminar nada de lo que comencé. Me sentí un fracaso. Cuando me fui de casa, no pude conseguir ningún trabajo por un año entero. Tuve que estar mudándome constantemente y compartiendo piso.

Cuando por fin encontraba trabajos (que, por cierto, no duraba mucho en ellos), conseguía pequeñas dosis de felicidad que posteriormente se convertirían en ansiedad y depresión. Llegué a un punto en mi vida que no sabía que hacer. No tenía apenas amistades, tampoco tenía a mi familia cerca. Mis recursos económicos eran bastante limitados, y encima vivía en Madrid (los precios de todo están por las nubes). Me veía sumida en un bucle insaciable de negatividad del cual no sabía cómo salir, solo iba a peor.

Un día como otro cualquiera, estando en mi sofá-cama de aquel entonces, fue cuando probé a hacer unos garabatos en una libreta que tenía sin uso alguno. No sabía qué hacía, tampoco es que dispusiera de mucha cosa en condiciones para poder hacer nada, ni una mesa. No obstante, me pude apañar con una carpeta como sustituto aunque no fuese muy estable que digamos. Dibujando me permitía estar concentrada durante horas en una sola actividad sin acabar destrozada en el intento. Crear se volvió parte de mí inconscientemente y  un refugio donde podría descansar siempre cuando lo necesitara.

De ahí en adelante, seguía todo igual a excepción que el bucle se hacía un poco más liviano. A día de hoy, con 25 años, cuento con 15 experiencias laborales y sumando. No sé cuántos más tendré, no obstante, me es indiferente. No se me da muy bien lo de tener jefes y tolerar cosas a diario en contra de mis valores personales.

El arte se convirtió para mí en algo mucho más profundo que simplemente garabatear: en mi vocación. No sé cómo puedo estar tan segura de esto, pero confío mucho en mi intuición. Sabiendo todo lo que estuve viviendo durante todos estos años sola, el arte ha significado un antes y un después para mí. Me volví artista sin saberlo. 

Tal vez no esté viviendo económicamente de esto, pero, ¿desde cuándo uno es artista por dinero? A través de mi historia y mis ilustraciones, yo quiero expresar mi visión de vida, mis vivencias, mis sentimientos, y plasmarlo.

Deseo que aquellos que se encuentren desesperanzados y que sienten que viven en modo automático, sepan que hay algo más. La vida no es lo que nos han vendido. Quiero que se atrevan a soñar. En mis redes sociales insisto mucho acerca de este concepto ya que vivimos en un mundo que de forma constante no para de cambiar y cada vez quiere que hagamos todo más rápido y peor, con toda la presión física y mental que ello implica. Cada vez estamos más desconectados de nosotros mismos. Cada vez somos más pobres en todos los sentidos. Cada vez intentan retener nuestra atención más y más para que no podamos pensar y acabemos como robots.

Quiero que el arte siga siendo algo exclusivamente humano. Una inteligencia artificial o cualquier tecnología puede llegar a hacerlo más perfecto, obviamente, pero no transmite nada. Ya ni hablando que la IA copia obras de otros artistas para hacer una versión baratera de ello.

El arte no destaca por la perfección. Es más que eso, es sobre ser uno mismo. Sentir. Transmitir. Expresar. Plasmar. Compartir.

Asimismo, la imaginación no entiende de límites, los límites nos lo ponemos nosotros mismos (o incluso terceras personas). Por desgracia, la vida es corta. Yo creo que todos nos queremos ir de este mundo sintiéndonos en calma sabiendo que lo hicimos lo mejor que pudimos. Deseo de todo corazón que nos atrevamos a soñar más, sobre todo cosas locas. Esas ideas que hagan que nuestro corazón lata con intensidad por muy disparatadas que sean, son las mejores, sin duda. Son las mejores porque son alcanzables para nosotros, solo que necesitamos saber cómo crearlos y cuidarlos a lo largo del tiempo, como si de un bebé se tratara, Quiero que mi arte sea un recordatorio en tu espacio íntimo para que cuando te vayas a dormir, te acuerdes de mí y por fin te atrevas a soñar a lo grande. 

Mi sueño loco es poder ayudar a mucha gente con mi arte y, como consecuencia de ello, poder vivir de mi pasión. Mi tienda y mi persona no pretende ser muy de marketing. Los artistas no somos así, somos más raros. En mi caso, soy muy sentimental y siento demasiado todo con el corazón.

Ahora te pregunto: ¿a qué aspiras? Visualízalo en tu cabeza muy fuertemente. Hazlo constantemente. Pídelo. Aunque nadie te escuche, aunque realmente sí que hay alguien. Tú. Tu misión es crearlo en el plano físico. Me encantaría leerte en mi Instagram @lirathingsart. No sé si alguien pudo leerse todo este monólogo que escribí después de haber tenido un ataque de ansiedad. No obstante, me haría muy feliz sentir que he podido convertir mi dolor interno en algo esperanzador para alguien. ¡Muchas gracias!

Con cariño, Lira ♡